Tristeza profunda: Cuando no es solo un mal momento

Hay momentos en que la tristeza es consecuencia de algo que pasó. Una separación, la pérdida de un ser querido — esos son momentos así. Pero hay otros momentos en que una tristeza parece acompañarte sin razón aparente. No pasó nada. No se perdió nada. Sin embargo ahí está, pesada y persistente. Sentís que no podés escapar de ella sin importar lo que hagas. Puede que se vaya al fondo en ciertos momentos — cuando estás con amigos, o viendo una película — pero nunca se va del todo. Siempre parece que volvés a ella al final del día.

Cuando la tristeza parece no terminar

No es solo por un momento. Es una tristeza profunda que llevás con vos a lo largo del día, una tristeza que parece estar ahí todo el tiempo. Cuando te estás preparando para ir al trabajo o a la facultad, cuando estás con amigos, con compañeros de trabajo o de estudio. Cuando vas en el colectivo o mirás una serie que te gusta. Esta tristeza constante está ahí, en cada respiración, en cada pensamiento. Quizás tenés suerte y encontrás la manera de distraerte por un momento, de olvidarte. Pero nunca se va, solo retrocede al fondo hasta que todo se calma. Y después vuelve. Igual que antes. Igual que siempre.

La diferencia entre tristeza y depresión

En esos momentos es natural preguntarse si uno está deprimido. Hay una diferencia entre la tristeza y la depresión. La tristeza es una emoción. La depresión es un estado. Por eso cuando estás triste todavía podés encontrar momentos de alivio, de distracción, de motivación. Pero cuando estás deprimido, nada de eso es posible. La depresión no permite momentos de alivio ni de distracción, y te quita por completo las ganas de hacer cualquier cosa, incluso las más simples. Estos son los síntomas de la depresión.

Con la emoción de la tristeza, el desafío está en entender por qué está pasando y empezar a trabajar para resolverlo. Con el esfuerzo adecuado no solo podés observarla, sino también empezar a separarte de ella poco a poco, a desidentificarte. Porque si esta emoción se instala y se alimenta dentro tuyo durante demasiado tiempo, ahí es cuando la tristeza se vuelve depresión — cuando una emoción se asienta en un estado que afecta todas tus emociones, toda tu Mente Emocional.

Cómo empezar a salir de la tristeza profunda

La observación es el primer paso para salir de la tristeza profunda. Observá los momentos en que te sentís triste. Mirá tus pensamientos y tus emociones. ¿Qué están sintiendo? ¿Qué están diciendo?

Poder observar va a ir generando un poco de claridad cada vez que lo hacés. Esa claridad es necesaria para el siguiente paso, que es empezar a separarte de la emoción de a poco. Una de las razones por las que está constantemente presente es porque no hay diferencia entre vos y la emoción de la tristeza. Estás demasiado entrelazado con ella, demasiado Identificado. Tenés la posibilidad de experimentar muchas otras emociones, pero a causa de la identificación, nunca tenés la oportunidad de hacerlo.

Con un esfuerzo sostenido de desidentificación, vas a sentir que vas recuperando la motivación, lo que te va a ayudar a hacer más esfuerzo todavía. Estos pequeños esfuerzos son importantes para evitar que la tristeza se convierta en depresión, y son los mismos esfuerzos que hacés si la emoción ya se convirtió en un estado depresivo. Así es cómo salir de la depresión.

Conclusión

La tristeza constante no es un defecto de tu carácter. No significa que hayas hecho algo mal, ni que haya algo permanentemente mal en vos. Es simplemente una emoción que se quedó demasiado tiempo, y merece tu atención, no tu juicio.

Observar lo que está pasando en tu Mente Emocional es siempre el primer paso. Cuando empezás a observar la tristeza dentro tuyo, algo cambia. Algo se mueve — en tu perspectiva, en tu conciencia. No de inmediato, ni del todo. Pero lo suficiente como para darte un poco de espacio para respirar, para experimentar otras emociones, para desidentificarte de la tristeza. Lo suficiente para empezar a vivirla como lo que es — una emoción, no una condena.

Este es el tipo de trabajo que desarrollamos en las sesiones de terapia, donde a través de un proceso terapéutico y un acompañamiento es posible comprender la depresión y empezar a salir de ella desde su origen. Si sentís que esto te está pasando, hablar con un psicólogo puede ser un primer paso. Podés agendar una consulta inicial de 30 minutos.