No sé qué hacer con mi vida: cómo encontrar dirección

Por alguna razón, un día te escuchás pensar: "no sé qué hacer con mi vida." Al principio suena raro. No es que haya pasado algo dramático que lo justifique. Y sin embargo, la idea vuelve, una y otra vez, en los momentos más inesperados. Mientras intentás dormirte, en medio de una conversación, estando con tus amigos. Ni siquiera es una pregunta que puedas responder. Simplemente se queda ahí, en tu cabeza, volviendo una y otra vez.

Es raro porque no es que no estés haciendo nada con tu vida. Tenés un buen trabajo, o estás estudiando para la carrera que siempre quisiste. Tenés una relación sana, una buena vida social. Tenés todo lo que querés, y sin embargo, por alguna razón, seguís sintiendo que tu vida no tiene dirección. Estás haciendo cosas, avanzando, y aún así esta sensación te hace sospechar que tal vez solo estás girando en círculos.

Esto es una señal, no de que hayas hecho algo mal con tu vida, sino de que hay algo que vale la pena entender que está pasando dentro tuyo a nivel psicológico.

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No es tanto la pregunta en sí. Probablemente no sea la primera vez que te la hacés. Es que esta vez se queda con vos de una manera que antes no. Es casi como si te estuviera haciendo dudar de algo, pero no sabés bien de qué. Y esa duda te sigue a todos lados, esa sensación silenciosa de sentirte perdido en la vida, apareciendo en los momentos más inoportunos.

Estás hablando con tu jefe sobre un proyecto en el que estás trabajando. Estás ahí, concentrado, con claridad sobre lo que necesitás decirle y lo que hay que resolver. Y de repente la pregunta te golpea, sin ninguna razón. O estás cenando con tu pareja en un buen restaurante. Buen lugar, buena comida, buena música. La estás pasando bien, disfrutando de su compañía. Y de golpe aparece la pregunta, y te quedás quieto un segundo, con el tenedor a mitad de camino hacia la boca. O estás solo en tu casa una noche, viendo una película. Fue un día largo, así que decidís relajarte. Y de la nada, aparece la pregunta.

Lo que realmente inquieta es lo que esa pregunta empieza a generar en vos. La sentís de verdad, en el pecho, junto con la duda que trae. Y se extiende, tocando tu trabajo. "No sé qué estoy haciendo en este trabajo", te dice. O toca tu relación: "no sé qué estoy haciendo en esta relación". O incluso mientras estás viendo una película: "no sé qué estoy haciendo mirando esto". Después de un tiempo deja de tratarse de algo puntual, y lo que queda es no saber qué hacer con la vida, directamente. Ya no es un sentimiento pasajero, sino algo más persistente, como olas rompiendo contra la orilla: es sentir que la vida no tiene sentido.

Cuando sientes que tu vida no tiene dirección

Hay varias razones por las que te sentís perdido, y hoy quiero hablarte de una de ellas, una de las más importantes.

Hay una distinción que solemos confundir, y cuando eso pasa, le das lugar a esta falta de propósito para que se instale en vos, a nivel psicológico. Esa distinción es la diferencia entre lo que querés y lo que necesitás. Suena raro decirlo así, porque el supuesto con el que vivís, con el que vivimos todos, es que lo que querés y lo que necesitás son la misma cosa. Tal vez pensás que querer algo es solo la forma en la que te motivás para conseguir lo que necesitás. De ahí viene la confusión, porque en realidad son dos cosas muy distintas. Si no lográs ver esto, corrés el riesgo de esforzarte muchísimo por conseguir lo que querés, y después tener que lidiar con las consecuencias psicológicas cuando resulta que no era lo que necesitabas.

Pensalo así. Cuando tenés sed, agarrás cualquier líquido que te dé alivio. Una gaseosa, una cerveza o un jugo. Y aunque eso te calme la sed por un momento, no es lo que tu cuerpo realmente necesita. Tu cuerpo necesita agua. Un vaso de cerveza o de jugo puede aliviarte la sed por un rato, pero no te va a hidratar como lo hace el agua.

Probemos con un ejemplo. Pensá en esa persona que te atrae, ese chico o esa chica. Es físicamente atractiva, le cae bien a todo el mundo, es inteligente, divertida, quizás hasta tiene plata. Todos quieren estar con esa persona, y vos también. Y un día encontrás el coraje para hablarle, para invitarla a salir. Todos se mueren de envidia. Salen una vez, dos veces, y después de un tiempo son pareja. Conseguiste lo que querías. Y sin embargo, la relación no es sana. Tu pareja, más de una vez, socava las cosas que sentís que una relación debería tener. Coquetea con otras personas — no de manera promiscua, pero coquetea igual. Eso te hace sentir incómodo. Se lo dijiste, pero ignora tus preocupaciones, tus emociones. Discute con vos todo el tiempo, te echa la culpa por las cosas más mínimas, te compara con otras personas y te hace sentir que no estás a la altura. No sos lo suficientemente bueno para estar con ella, te dice. Después de un tiempo, te das cuenta de que no sos feliz. Te das cuenta de que no es así como querés que sea una relación.

Te das cuenta de que la relación no te está dando lo que necesitás.

Por eso importa esta distinción. Lo que querías era alguien físicamente atractivo, alguien que satisficiera tus deseos, alguien que todos deseaban tener. Y sin embargo, lo que necesitabas era una relación tranquila y afectuosa, que te sostenga, donde no te juzguen por tus errores sino que te den el espacio para crecer, para aprender, para cambiar. Una donde no te socaven, sino que te alienten a ser la mejor versión de vos mismo.

No es casualidad que la pregunta sobre la dirección de tu vida venga acompañada de una duda sobre lo que estás haciendo, de esta crisis de sentido a la que todavía no le habías podido poner nombre. Tenés todo lo que siempre quisiste, pero tal vez muy poco de lo que en verdad necesitás.

Por qué a veces perdemos el sentido o la dirección

Encontrar propósito o una dirección en la vida requiere dos pasos, y el primero es entender la diferencia entre lo que querés y lo que necesitás. La dirección tiene tanto que ver con saber hacia dónde vas, como con entender por qué vas hacia ahí. La aceptación es importante. Aceptar que estás donde estás porque, seas consciente de eso o no, caminaste en esa dirección. El desafío ahora es encontrar dirección en la vida de forma consciente, una dirección que satisfaga tus necesidades.

Es difícil enfocar tu atención solamente en el horizonte, en el mañana. Es demasiado teórico, demasiado poco práctico. Todavía no es una realidad, así que sos propenso a caer en imaginar cosas que van a pasar o que tal vez nunca pasen. Por eso necesitás algo más concreto, y lo tenés: tu vida ahora mismo. Ese es el material práctico con el que podés trabajar ya.

Tomate un momento cada día y preguntate: ¿por qué tengo las cosas que tengo? ¿Son las que quería o las que necesitaba? ¿Tengo el trabajo que necesito, o el trabajo que me dieron o que se esperaba de mí? ¿Estoy con la pareja que necesito, o con la que era más atractiva y la que todos querían? Estas preguntas te van a ayudar a enfrentar la pregunta que estuvo escondida todo este tiempo, la verdadera causa de la duda que estás sintiendo. Así es como se empieza a descubrir qué quiero hacer.

Observá tus pensamientos mientras responden estas preguntas, las emociones que despiertan en tu pecho, las sensaciones que las acompañan. Sé sincero, honesto. Aceptá los momentos en los que te desviaste, en los que te esforzaste por conseguir lo que querías en lugar de lo que necesitabas. Haberte perdido no es una señal de que hiciste algo mal, ni de que fuiste débil o no lo suficientemente inteligente. No te castigues por eso. Aceptalo. Solo la aceptación te va a dar la oportunidad de encontrar una nueva dirección.

Quedarte con estas preguntas y estos momentos te va a dar la oportunidad de practicar tu capacidad de observación, tu capacidad de aceptación. Cuanto más lo practiques, más claro te va a quedar si lo que necesitás, cuando tenés sed, es un vaso de cerveza o de jugo, o un vaso de agua. Más claro te va a quedar por qué querés estar en una relación con alguien, para poder distinguir entre lo que deseás de esa persona y lo que necesitás de una relación de pareja sana. Sin honestidad, no vas a poder entender esta distinción. Sin aceptación, no vas a poder encontrar la claridad para elegir una dirección de forma consciente, porque te va a faltar el ingrediente principal: entender el "por qué".

Estos pequeños esfuerzos, estos momentos que te tomás cada día para preguntarte esto, pueden sonar insignificantes, hasta un poco tontos, y sentir que no estás resolviendo nada. Pero ese es justamente el punto. Encontrar tu dirección no es un problema que se resuelva. Es una consecuencia de entender por qué elegiste esa dirección en particular. Una dirección con sentido es consecuencia de una comprensión clara de lo que necesitás y de por qué lo necesitás.

Cómo empezar a encontrar una dirección personal

Sentir que no tenés dirección en tu vida no es una debilidad. Es la consecuencia de haber puesto tanta energía en conseguir todo lo que querías, sin preguntarte nunca si eso era realmente lo que necesitabas. Y no es algo que se resuelva una sola vez y para siempre en tu vida. Es como la aguja de una brújula, que se ajusta constantemente para apuntar al norte. Y así como la brújula se ajusta, preguntarte y entender el "por qué" es la forma en que ajustás tus decisiones y tus acciones para apuntar en la dirección correcta, a través de entender lo que querés y lo que necesitás. Este esfuerzo es clave, porque es ahí donde se vuelve posible empezar un nuevo camino.

Conclusión

Este es el tipo de trabajo que desarrollamos en las sesiones de terapia, donde a través de un proceso terapéutico y un acompañamiento es posible comprender la falta de dirección que estás sintiendo y empezar a encontrar un propósito claro en tu vida. Si sentís que esto te está pasando, podés dar un primer paso y agendar una consulta inicial de 30 minutos.

Rilind Tairi

Bachiller en Filosofía con especialización en Psicología — Universidad de Auckland

Creador de Psicosomatología, un marco integrativo que trabaja con las tres partes de la psicología humana: la Mente Intelectual, la Mente Emocional y la Mente Física. Llevo más de 6 años acompañando personas en terapia personal, de pareja y desarrollo profesional online y en persona.