Cómo mejorar tu vida personal paso a paso
Decidiste cambiar tu vida. Tal vez sea parte de un propósito de año nuevo, una nueva dirección para tu vida, o tal vez estés atravesando un momento difícil y veas que las cosas no pueden seguir como están. Algo tiene que cambiar. Y ves ese cambio. Te imaginás cómo puede ser tu nueva vida. Un nuevo trabajo tal vez, una nueva relación, vivir en un país distinto. Entonces intentaste hacer el cambio, todo de una vez.
Pero no duró. Casi nunca dura. Al menos no de la forma en la que lo esperabas o lo habías imaginado. No porque no hayas sido serio con los cambios que querías hacer, ni porque no hayas puesto suficiente esfuerzo. Es porque mejorar tu vida personal nunca pasa a través de las cosas grandes. Es demasiado cambio, demasiado rápido. El fracaso, inevitable, se vuelve entonces muy peligroso, porque puede convencerte de que no sos capaz de hacer el cambio que deseás.
Esto te deja con una pregunta simple: si el cambio que querés hacer sigue fallando, ¿qué es lo que realmente requiere el desarrollo personal?
Cuando sientes que tu vida podría ser diferente
No es la primera vez que sentís esto. No significa que haya algo mal, ni que haya pasado algo malo. En realidad, suele pasar más seguido cuando la rutina se apodera de tu vida. Lo mismo todos los días, una y otra vez. A veces esto puede ser peor que si pasara algo malo.
Pasaste años estudiando y ahora tenés el trabajo que siempre quisiste. Tal vez no sea tu pasión, pero está bien. Te paga las cuentas. Podés irte de vacaciones una vez al año, tal vez. Tu jefe y tus compañeros son fáciles de llevar. Sí, a veces la presión te supera, a veces tenés que sacrificar un fin de semana de tanto en tanto, pero también hay momentos de disfrute, de sentir que lograste algo. Tal vez tengas tu propia casa, tal vez no, pero hiciste de ese lugar un buen hogar. Es tuyo. Es cómodo. Y sin embargo, de tanto en tanto sentís algo en el pecho que te deja inquieto, incómodo. Te sentís estancado en tu vida, como si te faltara algo.
Llega un punto en el que decidís que querés cambiar tu vida, y aunque no estés muy seguro de qué es lo que hay que cambiar, hacés cambios de todas formas. Te mudás a un nuevo departamento, salís a conocer gente, hacés nuevos amigos, y hasta encontrás la fuerza para conseguir un nuevo trabajo en una nueva empresa. Y mientras hacías estos grandes cambios, la sensación desapareció, pero apenas te acomodaste en tu nueva rutina, volvió de a poco. Te animaste a mejorar tu vida, y después de todo lo que hiciste, dando vuelta tu vida casi por completo, esa sensación adentro tuyo sigue siendo la misma.
Por qué cambiar tu vida puede ser difícil
Hay una dificultad acá. Seguramente ya la viste. El desarrollo personal es darte a vos mismo la oportunidad de crecer, pero ¿cómo podés crecer cuando los cambios que hacés, o no duran, o te devuelven a la misma sensación?
La pregunta no es sobre el cambio. La pregunta es sobre tu forma de acercarte al cambio. Es ahí donde te podés perder, no porque no seas inteligente, ni porque hayas cometido o vayas a cometer un error, sino simplemente porque así es como nos acercamos a la vida. Es un error de perspectiva que cometemos todos.
Cuando pensás en cambiar tu vida, como seguramente nos pasa a todos, pensás en las cosas grandes. Tu trabajo. Tu relación. Tus amigos. Tu salud física y psicológica. Las cosas que componen tu vida en sentido amplio, y parece lógico pensar que para cambiar la vida hay que cambiar las cosas de la vida. Y sin embargo, este no es el enfoque que va a generar un cambio real. La superficie de tu vida va a cambiar, pero por debajo, las cosas van a seguir igual. Por eso la sensación vuelve.
Hacer grandes cambios no es lo que le da a la vida una nueva dirección. Son los pequeños cambios los que lo hacen.
Te doy un ejemplo. Imaginate que decidís correr una maratón. Tal vez sea un objetivo que tenías desde hace tiempo, o simplemente un desafío que te propusiste para este año. Sea lo que sea, ya lo decidiste, lo que significa que te tenés que preparar. Entonces, ¿cuál es la mejor forma de prepararte? Podés intentar correr los 42 km cada vez que salís a correr. A veces lo vas a lograr. La mayoría de las veces no. Pero, ¿es realmente la mejor forma de prepararte para una maratón? ¿O sería mejor empezar practicando con una carrera de 5 km? Hacés eso durante unas semanas, y una vez que se vuelve relativamente fácil, extendés la distancia a 10 km, y pasás las siguientes semanas corriendo esa distancia. Con el tiempo, y con pequeños incrementos en la distancia, un día vas a estar listo para correr los 42 km.
Hacer grandes cambios es como salir a correr los 42 km en tu primer intento. Hacer pequeños cambios es prepararte correctamente para la maratón, de a poco, dejando que tu cuerpo y tu mente se adapten al desafío.
El cambio que realmente tiene que pasar antes de que cualquier otro cambio sea posible en tu vida está en los patrones de comportamiento, y el primer patrón que tiene que cambiar es el de pensar que cambiar de vida requiere algo grande.
El cambio real sucede al cambiar las cosas pequeñas, las que parecen no tener importancia. Parecen no tenerla solo por la perspectiva desde la que las mirás. En realidad, son muy importantes. Los grandes cambios, como cambiar de trabajo, por ejemplo, traen consigo una cantidad innecesaria de resistencia, de estrés, de esfuerzo que hay que poner. Inevitablemente traen consigo una cantidad innecesaria de miedo, miedo al cambio. Pero los pequeños cambios, un cambio en cómo te acercás a tu trabajo, qué propósito cumple en tu vida y qué significa realmente para vos, no te van a traer tanta resistencia innecesaria, ni te van a exigir más esfuerzo del que podés dar.
Terminar tu relación de pareja porque sentís que ya no te estimula ni te llena es un gran cambio. Entender por qué estás en esa relación y qué significa para vos, entender los comportamientos con los que te relacionás con tu pareja, las cosas que hacés, las emociones que le ponés, son los cambios pequeños, y más importantes. Los pequeños cambios se acumulan y se convierten en grandes cambios, pero los grandes, la mayoría de las veces, solo te desafían de forma innecesaria, y aun habiendo invertido mucho esfuerzo, solo alivian la sensación por un momento.
Hay un viejo proverbio budista que dice: "Un viaje de mil millas se completa un paso a la vez."
Ni vos ni yo podemos dar pasos de 10 millas, de 100 millas, ni de 1000 millas. Nuestros pasos tienen el largo que tienen, y es la acumulación del largo de esos pasos individuales lo que completa el viaje.
Pequeños cambios que pueden mejorar tu vida
Conclusión
Ya vimos que la pregunta no es el cambio, sino el enfoque, no lo grande, sino lo pequeño. Hay dos razones por las que hay que empezar por lo pequeño. Primero, porque está dentro de lo que el esfuerzo que podés hacer permite. Y segundo, porque se puede hacer con la claridad y la atención necesarias a los detalles que implica cambiar hábitos.
En lugar de cambiar de trabajo, intentá ver cómo te acercás a tu trabajo y qué podés cambiar ahí. Primero, intentá observar cuáles son las situaciones o los problemas puntuales que te hacen sentir estancado. Una vez que los podés identificar con claridad, empieza el crecimiento personal. Tu esfuerzo se puede dirigir de forma más productiva. Supongamos, solo como ejemplo, que empezás a sentir que tu trabajo es aburrido, seco. Ya no te estimula intelectualmente como antes. Eso es lo que observaste. Ahora, en lugar de cambiar de trabajo, enfocate en tu actitud. ¿Te estás acercando a tu trabajo con una actitud rutinaria, o estás participando activamente de los desafíos que te ofrece? Tal vez tus compañeros estén enfrentando desafíos para los cuales vos tenés las habilidades necesarias, y ayudándolos, te expongas a un desafío nuevo. O tal vez haya una posición distinta en la empresa que podés ocupar, que te dé desafíos más interesantes, más estimulantes.
O tal vez sientas que llegaste a un punto en tu relación de pareja en el que ya no pasa nada nuevo. Una repetición de las mismas cosas, una y otra vez. Las mismas actividades, la misma rutina, los mismos restaurantes, las mismas comidas, los mismos programas. Pero en lugar de pensar que la relación es el problema, cuestionemos primero el enfoque. De nuevo, observá en qué momentos, en qué situaciones sentís ese vacío, esa sensación de que nada nuevo está pasando. Veamos qué está pasando en tu enfoque, en tu actitud. Si notás que hacés las mismas cosas cada semana, intentá buscar actividades nuevas, hobbies nuevos, lugares nuevos para visitar. Elegí un día a la semana para probar algo nuevo con tu pareja. O si sentís que las conversaciones entre ustedes dos son siempre las mismas, intentá traer un cambio ahí. Propongan, de vez en cuando, tener conversaciones sobre algo que les interese a vos, a tu pareja, o a ambos, ya sea política, finanzas, películas, arte, música, lo que sea. Traigan activamente temas que a los dos les interesen genuinamente. Pero también tené la paciencia y la comprensión de que a veces van a tener conversaciones que le interesan a tu pareja pero no a vos, o al revés. Y está bien que así sea. Escuchá con atención plena. No dejes que tu mente se distraiga. Estate presente para esa persona.
Cambiar lo pequeño, tu forma de acercarte a las cosas, es el comienzo de un verdadero desarrollo personal. Sentirte estancado es tanto una consecuencia de las actitudes repetitivas con las que te acercás a tus tareas como de las tareas en sí mismas. Por más pequeños que sean, estos son los cambios que realmente mejoran tu vida personal.
Llegar a un punto en tu vida en el que querés un cambio es un momento positivo e importante. No hay nada de malo en haber intentado hacer cambios que no funcionaron. El cambio que estás buscando nunca sucede de una sola vez.
Mejorar tu vida no te pide necesariamente que cambies de trabajo, de ciudad o de pareja. A veces es la oportunidad de cuestionar cómo te estás acercando a esas cosas. Ese es el verdadero significado del desarrollo personal. No se trata de hacer grandes cambios drásticos, sino de cambios hacia los que podés dirigir tu esfuerzo hoy, mañana, la semana que viene, el mes que viene.
El cambio personal nunca es dramático. Es lento, y siempre tiene que ver con las cosas pequeñas, con lo que podés hacer hoy, con cómo podés cambiar ahora mismo.
Este es el tipo de trabajo que desarrollamos en un proceso de coaching, donde a través del acompañamiento es posible comprender los desafíos psicológicos que estás enfrentando y empezar a desarrollar las herramientas para avanzar. Si sentís que esto te está pasando, podés dar un primer paso y agendar una consulta inicial de 30 minutos.
Rilind Tairi
Bachiller en Filosofía con especialización en Psicología — Universidad de Auckland
Creador de Psicosomatología, un marco integrativo que trabaja con las tres partes de la psicología humana: la Mente Intelectual, la Mente Emocional y la Mente Física. Llevo más de 6 años acompañando personas en terapia personal, de pareja y desarrollo profesional online y en persona.